Ella no nació para servirte ni para resolverte todo, nació para amarte, cuidarte y enseñarte a volar, y cuando la tratas como empleada olvidas los desvelos, los sacrificios y el amor silencioso que sostuvo tu infancia, por eso respetarla, ayudarle y valorarla no es obligación, es gratitud, conciencia y la forma más pura de honrar a quien te dio la vida.
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