Ser infiel es tener una mente débil 
Ser infiel no es falta de amor,
es falta de dominio.
Es una mente que no sabe sostenerse cuando aparece el deseo.
El estoico entiende que la debilidad no está en sentir,
sino en obedecer sin pensar.
Quien no gobierna sus impulsos termina siendo gobernado por ellos.
Séneca lo advirtió con crudeza:
“Nada es honorable si no nace de la fidelidad a uno mismo.”
La mente débil busca excusas:
“solo fue una vez”,
“nadie lo sabrá”,
“yo también merezco algo”.
Pero no justifiques tu falta de dominio.
Cada justificación es un clavo más en el ataúd de tu carácter.
Ser fiel no es una represión.
Es poder.
Es mirar el impulso a los ojos y decir: no me controlas.
Porque al final, la infidelidad no destruye relaciones…
destruye respeto propio.
Y un hombre sin respeto por sí mismo, ya está derrotado.
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