Tu diálogo interno puede ser un refugio o el lugar donde más te lastimas…
Hay días en los que te hablas con amor y otros en los que te exiges, te juzgas o repites viejas heridas sin notarlo.
Ser consciente de lo que piensas no es control mental, es un acto profundo de amor propio.
Cada pensamiento es una forma de acompañarte: puede cerrarte… o sostenerte.
Puede rigidizarte… o abrir espacio para que la vida fluya.
No se trata de negar lo que duele, sino de no abandonarte cuando duele.
Hablarte con respeto cuando fallas, con compasión cuando te cansas y con paciencia cuando estás aprendiendo.
Así como cuidas tus palabras con quien amas, puedes aprender a cuidar las palabras que usas contigo.
Porque cuando cambias la forma en que te hablas, cambia la forma en que habitas tu cuerpo, tu energía y tu camino.
Hoy, haz una pausa y escuchate.
No para corregirte, sino para volver a ti.
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