El tiempo es el bien más democrático que existe.
No distingue color de piel.
No pregunta por religión.
No hace diferencias entre ricos o pobres.
No premia títulos ni castiga errores.
A todos nos entrega lo mismo: 24 horas cada día.
Ni una más.
Ni una menos.
Es el único recurso que nos iguala por completo…
pero también el único que no espera a nadie.
Puedes invertirlo, construir con él, transformarlo en oportunidades.
O puedes dejarlo escapar, minuto a minuto, sin darte cuenta.
El tiempo no juzga.
No avisa.
No se detiene.
Porque al final, al tiempo le da igual.
No hay comentarios:
Publicar un comentario