El
enamoramiento es tan engañoso como necesario, ¿de que otra manera se
atreve uno a ceder, a entregarse, a necesitar dar a un extraño, a
aprender a recibir?, se necesita estar drogado y cupido lo sabe, es por
eso que sus dardos son venenosos, con un veneno que calienta la sangre
mientras calma al corazón, con un veneno que le quita a la hormona su
limitación, con un veneno que hace que confundamos cualquier logro en admiración
y con ese mismo veneno que te mantiene en vela, adivinando que hace el
otro cuando tú no estas, alimentando el deseo y convirtiéndolo en
pasión.
Maravilloso
veneno que nos enseña a amar, más allá de la sangre y más allá del
conocimiento, pero el efecto de a poco se va calmando, el corazón
reclama lo suyo pero tendrá que conciliar con la razón, comenzamos por
los hechos y habrá que darles justificación.
Tanto
sentimiento suelto esta labrando tan solo el paso a quien realmente
mandó al pequeño ángel alado, el mismo que se va hospedando cuando los
sentidos se van calmando... al Dios del cariño, el que crece con la
convivencia y el único que te lleva de la mano al Amor incondicional.
Porque
el cariño asiste para volver a la realidad sin arrepentirse, para que
aceptemos a la pareja sin exagerar sus capacidades y sin criticar sus
limitaciones, para que la confianza se establezca cuando se aleja y
sensatez cuando se vuelve predecible, para que la admiración sea por
constancia más que por actos heroicos, para que la pasión sea el
resultado de la complicidad más allá del afán de posesión, entonces ese
veneno nos habrá llevado a la relajación, a un estado de paz más que de
exaltación.
Algunos
sucumbirán antes de tiempo, otros más seguirán drogándose, enamorándose
del efecto sin trasladarlo a otro corazón, tristes más que enamorados,
vacíos más que solitarios.
Pero
quienes sobreviven, de la mano del cariño habrán de conocer el amor, el
veneno re-absorbido que nunca daño, porque han de amarse entonces dos
seres humanos, con errores y buenas intenciones, cuidándose en adelante
sin cobrar el favor, sin tiempo y sin condición, por el mejor de los
motivos, instalar a la pareja conciliada en la razón, dentro del
corazón, lo que dure y... por elección.
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