Reflexiones mañaneras
“El que fui, el que soy…”
Hoy me llegaron varias notificaciones de Facebook de que alguien había compartido algunas publicaciones mías.
Observé el contenido de las mismas, y correspondían a un Kriss que ya no existe en el sentido que ya no comulgo con muchas -la mayoría- de mis antiguas creencias.
He tenido más de una vez la tentación de eliminarlas, pero una buena amiga me dijo: “No lo hagas Kriss. Que a ti ya no te sirvan no significa que no sean válidas. Es más, serán muy útiles para personas que están ahora donde tú estabas”.
Tenía razón. Ayer precisa-mente también tuve la experiencia de estar con una persona que defendía mis antiguas creencias y a la que traté de hacer ver -presa de mi vanidad, he de reconocerlo- que estaba en un error.
¿Pero real-mente lo estaba?
¿O el equivocado era yo por intentar desmontarle su actual creencia?
¿Acaso yo no había pasado ya por ahí para llegar aquí?
Intentar convencer a alguien que está completa-mente convencido de su creencia es un absurdo y un desgaste de energía brutal.
El mejor camino para descubrir la verdad de algo es vivirlo.
Es la propia experiencia personal lo que valida o anula una creencia, no hay más…
Yo soy de la opinión, que las creencias sirven hasta donde sirven.
O dicho de otra manera: “Cuando lo que nos ocurre supera a la creencia, esta se desvanece y empieza el cuestionamiento”.
Y en mi proceso de “atravesar creencias”, he llegado a la conclusión actual -mañana ¿quién sabe?- que lo mejor es admitir que nadie sabe nada con certeza acerca de cualquier cuestión metafísica o espiritual.
Prefiero decidir no creer en nada que en una mentira bonita, que tarde o temprano se vendrá abajo.
He encontrado más paz en soltar la necesidad de “saber” a qué orden o causa ocurren las cosas, y simple-mente atender lo que en cada momento sucede de la mejor de manera posible, que en adjudicarles un sentido o un para-qué enmarcado en un sistema de creencias que es indemostrable.
Pero entiendo y comprendo que haya quién necesite de “creencias”. (Mentiras piadosas necesarias para poder transitar una realidad dolorosa).
Por ellos aún conservo mis antiguas reflexiones, que siempre fueron y son consecuencias de mis aprendizajes a través de las creencias que tenía en cada momento.
Fueron los peldaños de la escalera que me han llevado a mi momento presente de la “paz del no sé, ni lo voy a saber”.
A mí me ha servido “mi escalera”, y por eso mantengo mis antiguas reflexiones.
Buen día, amigos.
Kriss
P.D. No olvidemos esta frase cuando estemos con alguien que defiende un sistema de creencias que a uno ya no le sirve y sentimos la necesidad de corregirlo: “Incluso un camino equivocado conduce a casa”.
Que cada uno decida el suyo.
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