Viene de la 2ª parte. En alguna ocasión hemos oído decir: “Dios ama a todas sus criaturas por igual”, “todos somos merecedores del Reino de los Cielos”, y muchas otras frases que expresan la igualdad de merecimientos ante el Supremo, vamos a aclarar un poquito sobre este punto, porque podríamos deducir que hagamos lo que hagamos da igual.
Pongamos por ejemplo a unos padres con muchos hijos, entre
todos ellos los hay niños, adolescentes, adultos, maduros, etc., los bebés o niños por
su falta de desarrollo en todos los sentidos, por muchas trastadas y
estropicios que nos hagan entendemos que está dentro de lo normal, dada su
infantilidad y falta de desarrollo en todos los sentidos, y no por eso dejamos de amarles y otorgarles todos sus cuidados y
atenciones, y tanto a los adolescentes como a los adultos y maduros, los
trataremos de forma diferente, otorgando responsabilidades, libertades y cargos según cada caso.
Y los errores y faltas que cometan serán valorados teniendo en cuenta su nivel, y los correctivos serán diferentes según responsabilidad y capacitación, pero cada uno de ellos tiene un lugar en nuestro corazón, a todos los amamos, y para todos queremos lo mejor, pero a todos tratamos de forma diferente.
El titulo de hijos de Dios nos lo otorga nuestro Ser,
(alma y espíritu) y como ya hemos dicho en muchas ocasiones, nuestro Ser puede
ser infantil, adolescente, adulto, maduro, anciano, etc., en cuanto a
conocimiento, capacitación y experiencia se refiere, conseguida a través del
tiempo y los ciclos de vida como humano en múltiples y variados escenarios y
ambientes, por eso hay personas con edad adulta, madura e incluso anciana, que
en su comportamiento carece de la responsabilidad, seriedad, compromiso,
capacidad de sacrificio a favor de los demás, etc., es maduro en cuanto a
cuerpo, pero infantil en cuanto a Espíritu o Ser, y esa inmadurez espiritual
condiciona su calidad personal.
Otra cosa importante es la actualización, en la Vida todo es movimiento y
avance hacia estados cada vez mas avanzados, y las formas que utilizamos hoy,
no nos valen para siempre, todo cambia, el comportamiento de una persona en
tiempos de los romanos, hoy sería improcedente y fuera de lugar, aunque en el
fondo los dos sean buena gente, las formas y medios de vida son completamente
diferentes y lo que valía y era propio en aquella época, sería improcedente e
inadecuado en el presente.
Vamos a intentar aclarar un poquito mas el motivo de que
exista lo que llamamos “gente mala” o “gente buena”.
Cuando los Seres ingresan por primera vez en la condición
de humanos, todos parten del mismo nivel y con condiciones semejantes, se les
concede el libre albedrío dentro de unos márgenes para que aprendan a conducir
sus pasos por los senderos de la vida, dentro del margen otorgado son libres de
actuar a su modo y estilo, pero se le dan las consecuencias de su actuar para
que por ellos mismos vayan valorando la calidad de sus actuaciones y la posible
necesidad de rectificar.
Antes de aprender lo necesario respecto a algo en
concreto, somos ignorantes, y para actuar por primera vez tenemos que
arriesgarnos a equivocarnos, cuando estamos interesados y pendientes en nuestra
vida y en la calidad de la misma, observamos nuestro actuar, y cuando algo no
nos sale correcto averiguamos el porqué y rectificamos, y si algo hemos dañado
o estropeado lo repararemos a favor del bien y el equilibrio, pero habemos
personas que no admitimos nuestros errores, todo cuanto realizamos creemos que es correcto
porque lo hemos hecho nosotros, y nosotros no admitimos que nos equivocamos porque somos muy
listos.
Este tipo de personas cometen errores como todo el mundo,
la diferencia está en que al no admitirlos no rectifican ni tampoco tienen que
rectificar nada ni reparar daños, el error cuando no se detecta sigue actuando
y creciendo, creando posibilidades de mal, desviando el rumbo de la persona que
lo ejerce por los senderos de lo incorrecto provocando daños y otros inconvenientes, tanto a la
propia persona que lo ejerce, como a todo el que encuentra a su paso en su
caminar.
Siempre que estamos actuando, ya sea de pensamiento,
sentimiento o acción, estamos cogiendo energía neutra y dándole unas
características en frecuencia, intensidad y destino, esta energía nos envuelve
y acompaña en forma de patrimonio, y nos será de ayuda o obstáculo según sus
características, si la energía es positiva y crea posibilidades de orden y
bien, nos ayudará a crear orden y bien.
Pero si se creo o modificó a base de malos o erróneos pensamientos, sentimientos y acciones, la energía esta condicionada en negativo y nos inducirá a actuar de la misma forma que cuando la creamos o modifiquemos, si seguimos sin percatarnos de nuestros errores, seguiremos actuando en negativo y cada vez el cúmulo de energía en negativo que nos rodea es mayor.
Esta energía genera un magnetismo mórbido que actúa como filtro y
condicionante de todo la información que recibimos y emitimos, “lo mismo que
cuando nos ponemos unas gafas de color hace que veamos todo del color de las
gafas”este magnetismo mórbido obligará a actuar a la persona de forma incorrecta
y contraria a las leyes que rigen la
Vida y sus procesos haciendo mal a veces sin saberlo y otras
veces complaciéndose en lo que hace, cuando una persona actúa de esta forma
decimos que es mala porque daña y perjudica sin que le importe demasiado, y
cuando actúa en positivo creando orden y posibilidades de bien y mejora hacia
todo y hacia todos, decimos que es buena.
La diferencia entre ambos Seres que actúan como personas
es que están en diferentes etapas de evolución, uno va haciendo camino por
primera vez y comete todo tipo de errores, y las consecuencias de los mismos
recaen sobre él condicionando sus capacidades, emporcando su energía, etc.
Y el otro viene de vuelta en el camino y conoce las consecuencias que derivan de los hechos, sabe por propia experiencia que cualquier tipo de perjuicio o daño hacia uno mismo, y aún peor si es hacia nuestro prójimo, se paga muy caro y no interesa, el dolor y sufrimiento que experimentó en el camino de ida por desconocimiento y falta de experiencia, ha creado sensibilidad y condiciones específicas que lo preservan de incurrir en los mismos errores.
Cuando comprendemos que la diferencia entre el bueno y el
malo, solo es tiempo, trabajo y experiencia, nos ayuda a comprender ambas realidades y no malquerer,
detestar, odiar, etc., a las personas de baja condición moral y espiritual, eso
no quiere decir que nos convirtamos en sus victimas, uno tiene que aprender a
aislarse de lo que le puede perjudicar, pero con una actitud comprensiva y
compasiva, porque se trata de un Ser infantil que está aprendiendo sus primeras
lecciones de la Vida.
La gran diferencia entre el fondo y la forma, es que el
fondo es la experiencia, sabiduría y capacitación que el Ser ha ido
conquistando a lo largo de su peregrinaje, en los mundos físicos como humano, y
en los espirituales como tal, porque no solo se aprende en la condición de
humano, en el mundo espiritual existen infinitas formas de actividad que son
realizadas por los seres según niveles y capacitaciones, y en toda realización
se aprende algo o se reafirma lo aprendido, y lo que el Ser va aprendiendo
constituye su patrimonio que con el paso del tiempo lo va ampliando y mejorando
pero nunca lo pierde.
La forma en cambio es hija del tiempo, época y lugar, y en
cada existencia o ciclo de vida tenemos que aprender de nuevo todas las formas
propias del lugar y la época, si observamos el mundo en el que vivimos, en un
mismo pueblo lo que en un tiempo era moral, en otro tiempo era inmoral y
viceversa, con solo cambiar de dictadura a democracia cambian leyes, formas y
demás, y dentro del mismo tiempo si cambiamos de lugar, de oriente a occidente
por ejemplo, cambian las formas, moral, costumbres, etc.
Y pongo fin a este escrito reiterándome una vez mas en que
todo lo expuesto solo es la opinión de uno más, y la motivación que impulsa a
la realización de la obra es, la necesidad de ser útil aportando para ello lo
mejor de mis ideas con el único propósito o esperanza de que sirva de ayuda o alivio a alguien, y
si ese milagro no se produce, yo confieso que he disfrutado y aprendido mucho mientras
escribía.
Un saludo y hasta siempre.
Un saludo y hasta siempre.
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