Un
tema recurrente en mis consultas es la falta de amor propio y las
dificultades de la persona a la hora de amarse, perdonarse, aceptarse y
hacer las paces con ella misma. En muchas ocasiones, una parte muy
importante de la misión que “firma” el alma antes de venir a la Tierra
es asumir nacer en un árbol familiar muy dañado emocionalmente y en el
que la persona no va a ser amada de una forma sana ni equilibrada, pues
tanto los padres como los abuelos no aprendieron a hacerlo.
Aquí se gesta una herida de abandono y falta de valía que se convertirá
en la “búsqueda” de esta alma durante la mayor parte de su encarnación
en este plano.
Cuando
reviso los aspectos más importantes en el plan de vida de la persona y
le comento que hay un tema importante con la autoestima, el amor propio y
las relaciones, suelen surgir muchas emociones a la luz y un
reconocimiento profundo de que lo que se ha vivido no es casual, sino
parte de un plan mayor. Como hemos comentado, el alma elige nacer en ese
árbol “dañado”, pero no lo hace para sufrir, sino para tomar conciencia
y liberarse de toda esa oscuridad emocional. Esta es el alma que viene a
decir “yo me amo”, “yo valgo” y “yo merezco”, sanando, así, la historia
de dolor, abandono e inmadurez emocional de sus ancestros, y
convirtiéndose en la inspiración y el modelo para generaciones
venideras.
Aprender
a amarse no es algo que se consigue de la noche a la mañana, sino un
proceso constante de conciencia, aceptación y toma de decisiones
orientadas al propio cuidado. Normalmente, las personas “disfrazan” esta
falta de amor y autoestima de múltiples maneras, tratando de conseguir
fuera lo que sienten que les falta dentro (esta es una de las creencias
heredadas de su clan), pero finalmente han de tomar conciencia de que la
clave está justamente dentro, y no fuera. El sentido de amor nace en
uno mismo, no se consigue de otras personas o de los “logros” en el
mundo material. Uno se ama y luego ama. No necesita ser amado para
comenzar a amarse. Este programa de “necesidad” constante (basado en la
falta de valía personal de la que estamos hablando) es precisamente el
causante de que las relaciones se desequilibren y “se intoxiquen” una y
otra vez. Por ello, iluminar este tema y comprenderlo desde la raíz se
hace indispensable para que la persona alcance un estado de mayor paz
interna, aceptación y perdón. Si te ha resonado todo esto, recuerda que
eres el alma del clan que viene a aprender a amarse, no a mendigar amor y
a permanecer de por vida en el rol de víctima, que es lo que
seguramente aprendieron (y te enseñaron) tus ancestros. Ese enorme vacío
emocional que sientes tiene un sentido, y te está pidiendo que indagues
en él para que comprendas su historia y lo trasciendas. Tienes la
capacidad y la grandeza de alma para hacerlo. Si no, no estarías
resonando con este texto.
Javier López Alhambra
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