El licor muchas veces llega disfrazado de amigo: aparece en las celebraciones, en los momentos de tristeza y hasta en los ratos de soledad. 
Te promete compañía, te ofrece olvido, y por un instante parece que todo está bien. Pero cuando el efecto se va, la realidad sigue allí… y a veces duele más. 
No es cobardía decir “no”. Al contrario, es un acto de fuerza. 
El valiente no es quien se esconde detrás de una copa, sino quien decide mirar su vida de frente, con la mente clara y el corazón firme. 
Porque la verdadera libertad no se encuentra en el fondo de una botella, sino en el alma que elige ser dueña de sí misma. 
Cuidarse no es debilidad… es amor propio, es respeto por la vida, y es una promesa silenciosa de querer estar bien para uno y para los que ama.
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