Reflexiones sobre el amor
El amor procede de Dios, en consecuencia somos amorosos por nacimiento.
Es nuestro derecho natural; posee la vibración más alta y es esa
“sustancia” que nos une entre todos y con todo. Está disponible para
cada uno de nosotros, pero es elección de cada quien amarse y ponerse en
contacto consigo mismo. Al abrirnos al amor, nuestra conciencia
despierta. Puedo asegurar que es su clave de acceso, la contraseña que
nos permite abrir sus puertas y que esfuma miedos y juicios.
Donde
hay amor, hay milagros porque transforma cualquier situación. El amor es
magia veloz, lo sana todo, el amor lo es todo. Cuando amas, brillas; y
como la luz, el amor no tiene límites. Entre más amor se entrega, más
nace de nuevo para seguir dando, porque el amor es infinito e
inagotable, jamás se pierde la capacidad de amar ya que se recicla y se
renueva a sí mismo.
El amor no requiere defensa ni reglas
humanas, no controla ni pone condiciones y respeta las decisiones del
otro, aún si no se nos incluye en ellas; porque el amor no coarta ni
oprime. El amor es un espacio sin muros ni paredes. No se puede
encerrar, ni permite ser aprisionado. Su naturaleza es de expansión y
libertad. No obliga, no tiene prisa, no exige, no espera nada; de hecho
nada que sea forzado funciona.
Es tan grandioso el amor, que abarca
todos los elementos y activa también nuestros sentidos. Desde el amor
fluimos como el agua para aceptar las eventualidades de la vida, ahogar
la tristeza y manifestar nuestras emociones, el amor enraíza y nos hace
poner los pies sobre la tierra para perdonar y recobrar la estabilidad.
El amor es aire porque comunica, transporta y nos refresca; es fuego, es
la energía que nos mantiene vivos, calienta el corazón para seguir
luchando por nuestros sueños, quema lo que ya cumplió su propósito y nos
prepara para lo nuevo. Es éter porque lo contiene todo.
Y en
cuanto a los sentidos, desde el amor podemos percibir con nuevos ojos lo
mismo de siempre que antes nos molestaba, expresarnos asertívamente con
palabras cálidas, saborear y sacarle el gusto a las pequeños detalles,
sentir sin tocar, escuchar detrás de los sonidos y del silencio mismo.
En la relación de pareja, el amor es entrega, es pasión, es cosquilleo,
es flama, es confianza. A menos que confíes plenamente en la otra
persona, no podrás amarla incondicional y plenamente. Detrás del amor
verdadero está la amistad certera, aún en un noviazgo o matrimonio, cada
uno necesita tener su propio espacio y respetar los tiempos y
aprendizajes de la otra persona.
Los cimientos del amor son:
confianza, libertad, autonomía, crecimiento, felicidad, compasión, apoyo
y respeto, entre otros. Las bases del miedo: dependencia, posesión,
control, manipulación, apego y duda. El amor es justo y siempre va de la
mano de la amabilidad. Es entusiasmo, paz, esperanza, unidad e
integridad, no tiene nada que ver con el sacrificio, la humillación o el
maltrato. Siempre puedes elegir entre el miedo o el amor. La pregunta
es: ¿estás practicando el amor?
Continua en la 2ª parte.
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