Y si ya no necesitas resurgir… ¿entonces qué sigue?
Hay una adicción silenciosa de la que nadie habla: La adicción a vivir en crisis.
Esa costumbre de estar siempre resolviendo algo. De sentirte viva solo cuando hay drama, movimiento, intensidad o “reto”. Esa sensación de que si todo está bien, algo anda mal.
Yo también viví ahí. Años de incendiarlo todo y volver a empezar. Era mi manera de renacer, de sentir que avanzaba. Hasta que entendí la verdad más incómoda, ya no quería renacer.
Quería quedarme.
En terapia entendí que quedarme no era mediocridad ni conformismo. Era madurez para aprender algo totalmente nuevo. En mi sistema y desde como yo viví mi historia TODOS se van y los que se quedan se enferman y no crecen.
Pero es que ya he quemado suficientes etapas, suficientes noches, suficientes “nuevos comienzos” como para entender que la calma no es aburrida, es revolucionaria.
Hoy mi propósito no es crecer hacia afuera.
Es profundizar hacia adentro.
Estar en casa, en mi cuerpo, en mis vínculos, en mi comunidad, en lo ya florecido.
Después de 12 años siento que ya no quiero más aplausos, quiero silencio. Ya no quiero más escenarios, quiero coherencia conmigo misma.
Ya no quiero más velocidad, quiero estar y disfrutar.
Porque sí, el siguiente nivel no se conquista. Se habita y desde aquí también se EXPANDE.
No hay comentarios:
Publicar un comentario