El espacio y el tiempo son los cimientos de la identidad y la
percepción humana. Jamás tenemos una percepción que no incluya esos
elementos. El elemento espacio significa que siempre estamos en estado
de separación. Yo estoy aquí. Tú estás allá. La persona más entrañable
para ti, tu ser amado, es un mundo distinto del tuyo. Es el aspecto
patético del amor. Dos personas muy unidas quieren ser una,pero sus
espacios no les permiten franquear esa distancia que los separa. En el
espacio, siempre estamos separados.
El otro componente de la
percepción y la identidad es el tiempo. Éste también nos separa. El
tiempo es ante todo lineal, dis-continuo, fragmentado. Tus días pasados
han desaparecido; se han desvanecido. El futuro aún no ha llegado. Sólo
te queda el pequeño peldaño del presente, que es un momento.
La única diferencia entre nosotros y los muertos es que ellos ocupan una forma invisible. No puedes verlos con el ojo humano. Pero puedes intuir la presencia de tus seres amados que han muerto. El sentido sensible de tu alma los percibe. Sientes su presencia cercana. Mi padre contaba una historia sobre cierto vecino, que era muy amigo del sacerdote de la localidad. En Irlanda hay toda una mitología sobre los poderes especiales de los sacerdotes y los druidas. El vecino y el sacerdote solían pasear juntos. Un día el vecino le preguntó: ¿Dónde están los muertos?. El sacerdote respondió que no debía hacer esa clase de preguntas. Pero el hombre insistió hasta que el sacerdote dijo: Te lo mostraré, pero no se lo debes revelar a nadie. De más está decir que el hombre no cumplió su palabra. El sacerdote alzó su mano derecha; detrás de ella el hombre vió las almas de los muertos, abundantes como las gotas de rocío sobre la hierba.
Con frecuencia nuestra soledad y aislamiento se deben a una falta de imaginación espi-ritual. Olvidamos que no existe el espacio vacío. Todo el espacio está colmado de presencia, en especial la de aquellos que ocupan una forma eterna, invisible. Para los muertos también cambia el mundo del tiempo. Aquí estamos atrapados en el tiempo lineal. Hemos olvidado el pasado; se ha perdido. No conocemos el futuro. Para los muertos, el tiempo debe ser totalmente distinto porque viven en un círculo de eternidad.
En éste, el comienzo y el fin son hermanos que permanecen guarecidos en la unidad del año y de la Tierra que ofrece lo eterno. Yo imagino que en el mundo eterno el tiempo se ha convertido en el círculo de la eternidad. Tal vez cuando una persona entra en ese mundo puede echar una mirada a lo que aquí llamamos tiempo pasado. Tal vez pueda ver el tiempo futuro. Para los muertos el tiempo presente es presencia total. Esto sugiere que nuestros amigos muertos nos conocen mejor de lo que pudieron conocernos en vida. Saben todo sobre nosotros, incluso cosas que tal vez los decepcionen. Pero en su estado transfigurado,su comprensión y caridad son proporcionales a todo lo que saben sobre nosotros.
Yo creo que nuestros amigos entre los muertos se ocupan de nosotros y nos cuidan. Muchas veces en el camino de la vida podría haber una gran piedra de desdichas apunto de caer sobre ti, pero tus amigos entre los muertos la sostienen hasta que pasas.Uno de los procesos estimulantes de la evolución y la conciencia humana en lospróximos siglos podría ser una nueva relación con el mundo eterno invisible.
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