Somos hijos del hambre afectiva de nuestras madres.
Esa sensación de nunca ser suficiente viene de generaciones que sobrevivieron sin tiempo para amar, solo para resistir. La terapia no busca culpar, sino liberar la cadena.
Recuerda
Sanar a mamá dentro de ti no es olvidar lo que pasó, sino aprender a cuidarte como ella no supo hacerlo.
Ese es el verdadero acto de madurez emocional: convertir la herida en fuente de ternura y consciencia.
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