Hay un momento en el camino espiritual en el que comprendes una verdad que cambia tu forma de ver la existencia: no eres sólo lo que vives… también eres quien lo está creando.
Eres el tejido:
la historia, las emociones, las heridas, los encuentros, las casualidades que no son casualidad y los hilos invisibles que te conectan con todo.
Pero también eres el tejedor:
la fuerza que elige, que transforma, que corta lo que ya no sirve y vuelve a anudar lo que sí. Eres la mano que decide el ritmo, la paciencia y la intención con la que se borda cada día de tu vida.
Eres el sueño:
la visión que se mueve dentro de ti, la intuición que te guía, la vida que pide manifestarse.
Y eres el soñador:
la conciencia que observa, que dirige, que despierta, que elige qué parte de tu historia sigue viva y cuál ya terminó.
Cuando entiendes esto, dejas de sentirte víctima de tus circunstancias y comienzas a ver la magia detrás de cada experiencia. Todo lo que sucede es parte del telar de tu alma: algunos hilos son suaves, otros arden… pero todos tienen un propósito.
Toda alma que despierta sabe que no vive al azar.
Sabe que cada pensamiento es un hilo,
cada emoción un color,
cada decisión un nudo que sostiene o libera.
Y entonces ocurre lo sagrado:
te conviertes en tu propia obra y en el artista que la crea.
En el sueño que se expande y en el ser que finalmente despierta.
Pepe Jiménez
El Devenir Del Brujo
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