No existe nada que atrase más tu evolución y tu propósito que el no
estar dispuesto a perdonar, que elijas no dejar ir la historia sobre un
hecho grande o pequeño cometido en contra tuya.
Existen personas que
pierden una vida entera conservando el rencor por alguien que actuó
contra ellas, negándose el gozo de vivir plenamente y culpando a esa
persona por décadas, pero el verdadero perdón es entender que nada ni
nadie pueden dañarte, a menos que tú mismo lo permitas. El dolor es la
interpretación y el valor que le das a la acción errada, el sufrimiento
es no dejar ir la historia.
Perdonar no es olvidar, ni justificar
una acción en tu contra, pero sí es dejar ir tu apego a ese dolor, a
querer tener la razón, a exigir justicia y a identificarte
constantemente con esa historia: “Esa persona desgració mi vida.” ¡NO!
Tú has decidido desgraciar tu vida, recordando esa acción y repitiéndola
en tu mente una y otra vez, manteniendo esa persona encadenada a ti por
medio de eslabones de dolor y veneno, lo cual solo conseguirá
enfermarte.
Para Perdonar
Quizás tengas un dolor tan
grande que pienses que NO quieres perdonar, pero como ya sabes que estás
haciéndote daño a ti mismo y a tus mismas relaciones con los demás,
debes hacer el esfuerzo. No te preocupes, no tienes que hacerlo solo. El
verdadero perdón lo haces a través de Dios. Quizás tú mismo sientas que
necesitas el perdón, pero la culpa sólo agrava tu situación. Recuerda,
inclusive el asesino, ha hecho lo mejor que ha podido en su presente
estado de evolución. El verdadero perdón se gana por medio de lecciones,
pero eso es un asunto entre el que comete la falta y Dios. Aquí solo
vamos a hablar de tu dolor y tu rencor y cómo puedes dejarlo ir.
Si sientes que no puedes perdonar, Dios sólo necesita una apertura en
tu mente. Sin negar tus sentimientos, sino aceptándolos, y estando
dispuesto a dejar ir. Basta con decir cuatro palabras mágicas: ESTOY
DISPUESTO, MI DIOS
Estoy dispuesto a perdonar. Decir estas
palabras y soltar, y cada vez que regrese el pensamiento de dolor,
repítelo: Mi Dios por medio de tu fuerza, estoy dispuesto a perdonar…
luego, solo espera. Debes estar alerta, pues puede suceder en cualquier
lugar o en cualquier situación y cuando llegue esa oportunidad, debes
actuar, como en el caso de que el agresor pida tu perdón, liberando así a
esa persona y a ti mismo. Recuerda, no eres el que da perdón, solo
Dios, aquí perdón significa: “Bien, suelto y dejo ir esta historia”. No
podemos cambiar las otras personas y nuestra paz no puede depender de lo
que ellas decidan hacer, por lo tanto no esperes ningún resultado de
ellas. No tienes que comunicarte necesariamente, solo espera. En el
momento que tu corazón se sienta en paz, ¡Ya está hecho!
Ora por el bien de tu enemigo
Cada vez que venga a tu mente la imagen de la persona que te ha
ofendido: Envía una luz rosada de amor y ora diciendo: ¡Que Dios te
proteja y que encuentres tu más alto destino de amor y felicidad, ese es
mi deseo!
Al principio, quizás tus palabras no te fluyan con
sinceridad, pero a medida que sigas con el ejercicio, te aseguro que
ocurrirán milagros. Muchas personas hieren a otras precisamente porque
no tienen dicha propia. Éstas, al encontrar su propia felicidad liberan
a los demás y es posible que cuando te la encuentres de nuevo sea una
persona diferente. Pero recuerda, no puedes controlar cómo otra persona
reacciona, solo puedes escoger mirar las cosas de otra manera.
De
vez en cuando pasa inventario en tu vida y pregúntate a ti mismo, si
albergas en tu corazón resentimiento hacia otra persona, entidad o
grupo. La meta es tener un corazón limpio de reproches, y es posible
lograrlo.
Si puedes recordar un momento en el que te han herido y
puedes recordarlo sin la emoción negativa atada a ese evento, ya has
perdonado. Anda, eres libre, has soltado tus cadenas, ve y crea junto a
Dios una nueva vida, tienes una nueva oportunidad de ser feliz. Está en
tus manos.
lunes, 30 de marzo de 2026
EL SECRETO DEL PERDÓN (Por Leon Wenborne)
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario