Olvídate
de la idea de ser otra persona. Aparca las envidias y las quejas. Antes
de nacer, elegiste ser quien eres ahora. Ningún otro cuerpo, ninguna
otra familia ni ningún otro tipo de vida se ajustaban a la experiencia
que deseaba vivir tu alma. No: no necesitabas ser ese "exitoso"
cantante, ni esa admirada actriz, ni ese jugador de fútbol mundialmente
conocido... Ellos están viviendo la experiencia que les corresponde y
que en su caso también eligieron, ya que en esencia son iguales que tú.
Es
más: las dificultades que has atravesado y que en ocasiones maldices,
anhelando fervientemente marcharte de aquí o haber elegido una identidad
distinta, son las que te han impulsado a crecer, reflexionar, madurar y
llegar a este mismo momento, a este texto sobre espiritualidad y
evolución. Tal vez cualquier otra persona (como ese mismo cantante, esa
actriz, ese futbolista...) hubiese pasado por alto estas líneas. Pero tú
has seguido leyendo. Y eso significa algo. Algo importante. Algo que no
puedes infravalorar. Significa, nada más y nada menos, que tu alma está
despertando, y que te encuentras en disposición de empezar a observar
la vida desde una perspectiva más consciente, más comprensiva, más
madura. Menos apegada exclusivamente a lo material. No se trata de un
paso cualquiera, sino de un paso clave en el trayecto evolutivo de
cualquier ser humano. Y tú ya lo has dado (o estás comenzando a darlo), a
diferencia de muchas otras almas que, de momento, continúan atrapadas
en lo ilusorio.
Si
supieras la trascendencia que tu trayecto vital tiene sobre la
conciencia colectiva del planeta, sonreirías en paz, darías las gracias y
te reconocerías como el gran Ser que eres y que un "día" decidió, por
amor, descender a esta dimensión y vivir la aventura de ser humano.
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Javier López Alhambra
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