Sin fingir. Sin exigencias
posteriores. Sin dramas ni ultimátums por no corresponderte de
inmediato (o no desear hacerlo). Sin convertirme en deudor de tus
"regalos". Si regalas, que sea libremente. De verdad. Sin atarme.
Liberándome (y liberándote). El vacío interior has de llenarlo tú
primero. No yo. Ni mi respuesta. Ni mi aprobación. Ni mi atención
constante y asfixiante. Si me encadenas, TÚ te encadenas. Y no deseo
vivir encadenado, inconsciente. Pendientes (ambos) de satisfacer una expectativa oscura y eterna que nos condena, sin remedio, al abismo...
Javier López
No hay comentarios:
Publicar un comentario