No te olvides de incluirte en lo que cuidas. 
No como un lujo, ni como algo que haces si sobra tiempo, sino como una prioridad.
Pasas la vida sosteniendo, escuchando, resolviendo… y a veces te olvidas de quien también necesita atención: tú.
La melancolía aparece cuando el cuerpo sigue, pero el alma ya está agotada.
Cuando das tanto que un día te miras al espejo y no recuerdas cuándo fue la última vez que te preguntaste cómo estabas de verdad.
Cuidarte no es egoísmo
es responsabilidad emocional.
Descansar, poner límites, decir “no”, también es amor propio. Nadie puede dar lo que no tiene, y nadie debería vivir a costa de su propio desgaste.
Inclúyete en tus planes, en tus decisiones, en la forma en que entregas tu tiempo y energía.
No todo el mundo merece acceso a ti, y no toda batalla merece tu paz.
Aprende a escucharte antes de que el cansancio grite.
A respetarte antes de que el cuerpo pase factura. A elegirte antes de desaparecer en las necesidades ajenas.
Porque al final, cuando todo se apaga, solo quedas tú contigo.
Y mereces encontrarte en paz, tratándote con la misma ternura con la que cuidas a los demás. 
єναѕтуℓєχ
No hay comentarios:
Publicar un comentario