El karma es como una tarjeta de crédito: disfrutas ahora… y pagas después.
Hay personas que hacen daño y creen que salieron ganando.
Mienten.
Traicionan.
Manipulan.
Se aprovechan de la buena fe de otros y siguen su camino como si nada.
En el momento se sienten invencibles.
Sin culpa.
Sin miedo.
Sin consecuencias.
Disfrutan el beneficio inmediato.
La ventaja rápida.
El placer de haber conseguido lo que querían.
Y justo ahí está la trampa.
Porque igual que con una tarjeta de crédito, todo parece fácil mientras la cuenta todavía no llega.
Pero llega.
Siempre llega.
A veces tarda.
A veces parece dormida.
A veces incluso te hace creer que escapaste.
Pero la vida tiene una memoria que no falla.
Y lo que haces, tarde o temprano, encuentra el camino de regreso.
El que humilló… un día será humillado.
El que engañó… un día probará el sabor del engaño.
El que hizo llorar… terminará conociendo ese mismo dolor en carne propia.
No siempre ocurre de inmediato.
Y por eso muchos se confían.
Creen que no pasó nada.
Que salieron limpios.
Que fueron más listos que la vida.
Pero no.
Solo están gastando un tiempo prestado antes de pagar la deuda completa.
Porque nadie cosecha algo distinto a lo que decidió sembrar.
Cada acto deja una huella.
Cada herida que provocas, tarde o temprano, encuentra su eco.
Cada maldad que lanzas, aunque tarde, vuelve.
No es casualidad.
No es mala suerte.
No es injusticia.
Es consecuencia.
Por eso ten cuidado con cómo tratas a la gente.
Con lo que prometes.
Con lo que rompes.
Con el dolor que causas cuando crees que nadie te está viendo.
Porque el karma no necesita hacer ruido.
No avisa.
No discute.
No negocia.
Solo llega.
Y cuando llega…
cobra con intereses.
No hay comentarios:
Publicar un comentario