sábado, 7 de marzo de 2026

UN HOMBRE QUE DESPRECIABA LA DEBILIDAD (Por Juan jo Vidas Pasadas)

 

Hay niñas que no crecen queriendo ser princesas…
crecen intentando demostrar que merecen existir.
Carolina tenía 39 años.
Era una mujer fuerte.
Directa.
Determinada.
Independiente.
Muchos la admiraban.
Pero en el amor… algo siempre se rompía.
Sus parejas decían lo mismo:
“Contigo siento que compito, no que estoy en pareja.”
Carolina no lo entendía.
Siempre pensó que ser fuerte era una virtud.
Hasta que en una sesión comenzó a hablar de su infancia.
Recordó algo que había escuchado muchas veces cuando era niña.
Su padre discutía con su madre.
Y repetía una frase que quedó grabada en su alma.
—“Yo quería un niño… no una niña.”
Carolina tenía apenas seis años cuando escuchó esas palabras por primera vez.
Pero su corazón de niña entendió el mensaje.
Si quería que su papá la viera…
tenía que ser diferente.
Así que comenzó a cambiar.
Jugaba fútbol con los niños.
Competía con los hombres.
Nunca lloraba.
Nunca pedía ayuda.
Siempre demostraba que podía hacer todo sola.
Cuando creció, ese patrón siguió en su vida.
En el trabajo era imparable.
Pero en sus relaciones algo se repetía.
Sentía que los hombres eran débiles.
Que tenía que hacerlo todo ella.
Que depender de alguien era un error.
En el fondo de su corazón había una creencia silenciosa:
“Si soy fuerte como un hombre… entonces valgo.”
Durante la regresión apareció algo aún más profundo.
Se vio en otra vida.
Era un hombre.
Un guerrero respetado.
Pero también un padre duro.
Un hombre que despreciaba la debilidad.
Y tenía una hija pequeña.
Una niña sensible.
Que siempre intentaba complacerlo.
Pero él nunca la miraba con orgullo.
Nunca le decía que era suficiente.
En la sesión Carolina comenzó a llorar.
Porque comprendió algo que nunca había visto.
En esta vida…
ella era esa niña.
El alma había regresado para experimentar el otro lado de la historia.
Para entender lo que se siente crecer buscando la validación de un padre que no sabe amar de otra forma.
Ese día Carolina abrazó a la niña que había vivido dentro de ella durante décadas.
La niña que pensó que tenía que convertirse en alguien más… para ser aceptada.
Y por primera vez en su vida dijo algo en voz alta:
“Papá… no tenía que ser un niño para que me quisieras.”
Porque ser mujer nunca fue el problema.
El problema fue creer…
que tenía que dejar de serlo para ser amada.
EL ETERNO CICLO SIN FIN
Juan Jo Chávez
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