Es uno de los valores morales universales, del Latín “cumpassio” que
significa acompañar, el cual fue adquirido y traducido del griego
“sympathia” se manifiesta por principio de la empatía pues viene del
sufrimiento de otro ser, pero a su vez es más intensa, ya que incluye el
deseo de aliviar, ayudar o disminuir el daño que recibe el otro.
La compasión es la mente que siente aprecio por los demás y desea liberarlos de su sufrimiento.
En ocasiones, deseamos que una persona deje de sufrir por motivos
egoístas; esto ocurre en las relaciones basadas en el apego. Por
ejemplo, si un amigo está enfermo o se siente mal o triste, deseamos que
se mejore lo antes posible para volver a tener su compañía, pero esto
es un deseo egoísta. Practicar verdaderamente la compasión consiste
estimar a los demás. Aunque tenemos cierto grado de compasión, este es
limitado y parcial. Cuando nuestros familiares y amigos están sufriendo,
podemos sentir empatía por ellos con facilidad, pero nos resulta más
complicado sentir lo mismo por las personas que nos resultan
desagradables o por los desconocidos.
Sentimos compasión por los
seres cuyo sufrimiento es evidente, pero generalmente no por los que
disfrutan de lujos, ni por los que cometen acciones que dañan y lastiman
a otro ser.
Si de verdad deseamos ser compasivos a un nivel de
iluminación, debemos abarcar a todos los seres sin excepción, al igual
que una madre es compasiva con sus hijos aunque se porten mal.
La
compasión es un sentimiento que conmueve y a su vez duele y por ello
tenemos la necesidad de ayudar, cuidar, proteger, salvaguardar, dar
ánimo y fortaleza al que padece el sufrimiento. Es sentir, comprender el
dolor de otro, sobre ponerse a ese sufrimiento y tomar acción, es decir
hacer algo al respecto.
La compasión es enemiga del egoísmo y el
egocentrismo pues centra su atención en otro ser, la persona que es
compasiva practica diferentes valores como la bondad, la solidaridad, la
cooperación entre otras. Este sentir o valor no es exclusivo del ser
humano pues se han registrado casos donde distintos animales han
realizado acciones para cuidar proteger o ayudar a otro ser sin importar
si es un miembro de su comunidad incluso de su misma especie.
Si
no valoramos el esfuerzo de otros y el impacto que tienen en nuestras
vidas… simplemente los veremos como objetos de ser utilizados y no como
los seres magníficos que son… un buen ejercicio es el reflexionar sobre
el lugar de donde vienen todas aquellas que uso o que me rodean y
quienes contribuyeron para que pudiese disfrutarlas… desde mi ropa, la
escuela a la que asisto o asistí… el camino por donde ando la comida que
disfruto en mi plato entre muchísimas otras , todo eso fue gracias al
esfuerzo de otro.
Tener compasión y sentir lástima no es lo
mismo. Muchas veces contemplamos la desgracia como algo sin remedio y
sentimos escalofrío al pensar “¡qué seria de nosotros en esa
situación!”, pero no hacemos nada por cambiarla. En este caso, debemos
sentir compasión por nosotros mismos. Constancio C. Vigil dijo alguna
vez: “Cuatro son los caminos que llevan al Señor: la sabiduría, la
justicia, la belleza y, el más seguro de todos, la compasión.”
miércoles, 11 de marzo de 2026
LA COMPASIÓN (Por Leon Wenborne)
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