Todos necesitamos ser comprendidos, tolerados y perdonados muchas veces. “El que esté sin pecado, arroje la primera piedra”
Vivimos
en una sociedad de competencia y el instinto nos lleva a reaccionar en
forma agresiva. El “Ojo por ojo y diente por diente” es una conducta
alienante, pues nos obliga a vivir constantemente en actitud de ataque –
defensa y, si alguien no detiene esta guerra, al final, todos
terminaremos, como mínimo, ciegos y desdentados. Y, si tenemos en cuenta
que la gente gasta el 70% de su energía física y mental en defenderse
de sus propios temores, complejos, culpas y frustraciones. ¿Qué energía
le puede quedar para avanzar en el proyecto de su propio desarrollo?
Necesitamos
comprender, tolerar y perdonar, no sólo por razones religiosas o
humanitarias, sino para sobrevivir en una sociedad conflictiva; pero
resulta difícil comprender y perdonar a los demás si antes no aprendemos
a comprendernos y a perdonarnos a nosotros mismos; es decir, a aceptar
nuestros límites, nuestros
defectos,
nuestros fracasos, nuestras frustraciones, como parte natural de la
vida; sólo entonces comprenderemos que los demás también tienen sus
límites y su derecho a equivocarse, a veces en contra de nosotros. Si no
eres capaz de perdonar, tienes un problema grave contigo mismo.
Los
seres humanos tendemos a ser justicieros. Ignoramos que la comprensión,
la tolerancia y el perdón son valores superiores a la justicia.
La justicia es sólo una ley natural, mientras que, el perdón es una ley superior.
Tenemos
que aceptar que, el otro, es una persona de carne y hueso, el cual, por
circunstancias de la vida es distinto y ponernos en sus zapatos para
poder comprenderle.
Todos tenemos un poco de la verdad y es esa verdad la que podemos compartir.
El
hecho de perdonar indica que eres capaz de dominar los instintos
primitivos, como son: La ira, el odio, la venganza y el resentimiento
pero, aún queda un buen trecho por andar. Es necesario llegar un poco
más lejos y ser capaz de amar.
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”
Según
la Ley de Correspondencia, cada uno recibe lo que da; de modo que: “No
juzgues y no serás juzgado. No condenes y no serás condenado. Perdona y
serás perdonado”.
Cuando alguien nos hiera o traicione, podemos pensar en lo mal que se sentirá, porque al traicionarnos, se traiciona a sí mismo.
Los
acontecimientos externos nos hieren en la medida en que nuestra
autoestima es baja. Nos sentimos amenazados por los demás por la simple
razón de que son distintos. En este caso, el problema no son ellos; el
problema es nuestra estrechez mental. Si tú autoestima está alta, nadie
puede herirte.
El
hecho de ser comprensivo, tolerante y perdonador, no significa ser
complaciente. La mentira y la injusticia son males y, por tanto, deben
ser combatidos en forma radical; pero las personas que actúan en su
nombre, están equivocadas y merecen el perdón.
Hoy,
es tan importante y necesario el perdón para la salud mental que cada
día se multiplican los libros y los talleres sobre este tema.
Conclusión:
Necesitamos comprender que cada persona es un mundo, con un esquema
mental propio y con una forma particular de reaccionar; de modo que, no
intentes cambiar su rumbo, sólo ofrécele tu respeto y tu perdón.
Dicen que el perdón es propio de Dios y de los santos, en realidad es sólo una conducta de personas inteligentes.
En la toma de decisiones se enseña un método en el que aparecen distintas posiciones polarizadas.
1. YO gano y TÚ pierdes.
Esta
posición se basa en el abuso de poder. El más fuerte o astuto se impone
por la fuerza. Esta actitud genera resentimiento y es una invitación al
desquite, por lo cual es causa de futuros conflictos. Recuerda que no
hay amigo pequeño ni enemigo pequeño.
2. La posición YO pierdo y TÚ ganas.
Yo
pierdo por la única razón de que soy más débil. Toda persona avasallada
interioriza la defensa a través del resentimiento y espera el momento
del desquite.
3. NADIE pierde, TODOS ganan.
Esta es la forma de resolver definitivamente las diferencias.
Cada
persona debe ser fiel a sus ideas, pero no puede ser radical; debe
estar abierta al diálogo... para encontrar algún punto de coincidencia
que permita convivir a todos...
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