La única mujer que realmente merece tu dinero es la que un día supo que no tenías nada en el bolsillo y aun así decidió quedarse a tu lado. No por lo que podías darle, sino por lo que eras, por lo que veía en ti cuando nadie más lo veía. Esa que compartió contigo lo poco que había, que creyó en tus sueños incluso cuando ni tú sabías cómo lograrlos. La que te sostuvo en tus caídas y celebró contigo cada pequeño avance. Esa mujer no se compra con regalos ni lujos, porque su lealtad no tiene precio. Si un día la vida te da abundancia, que sea ella quien la disfrute contigo, porque estuvo ahí cuando no había nada. Y eso, hermano, es algo que no se paga con dinero, se paga con amor y gratitud eterna.
No hay comentarios:
Publicar un comentario