Acostumbra
ser momentos de mucho dolor, de mucha tristeza de aquellos cuando
tenemos que velar los cuerpos de nuestros seres queridos. Y muy común
que, esas ocasiones, perdemos el tino relativamente al que decir, o al
que hablar.
La
criatura hace su gran viaje y estamos delante del cuerpo que no le
servirá más. Casi siempre las personas lloran sobre el cuerpo, como si
el cuerpo fuese su ente querido.
En lenguaje
cotidiano, en lenguaje coloquial aun encontramos las personas que
dicen: La sepultura de mi madre, la urna de mi padre, de mi hijo, de mi
amigo. Verificamos con eso que, de hecho, aun se alimenta la idea de que
nuestro ser querido es aquel cuerpo; que sea aquel resto mortal debajo
de la lapida o sobre la mesa mortuoria. No es así.
Para
mucha gente, los velatorios son ocasiones para encontrar amigos.
Aquellos amigos que la gente no encuentra nunca, no ve más. Todos nos
encontramos en los velorios. Para otros, es ocasión de ver la familia
porque ven gente de todo lugar, de lugares lejanos, para prestar el
último homenaje al ser querido traspasado. Pero, para muchos otros,
aquel es un local de desdicha, de sufrimientos atroces, de amarguras
mortales. Hay individuos que ruegan, en aquel momento de desespero, a su
fallecido, que los lleven junto a él, que ellos no van a soportar el
dolor de la nostalgia y casi nunca, esas personas se dan cuenta de que
el muerto no está muerto.
Estamos
dando culto al cuerpo que, un día, se utilizo. Sin embargo, nuestro ser
querido está vivo, de pie, muchas veces acompañando todo el proceso del
velorio y por causa de eso, oyendo y viendo lo que hablamos, lo que
hacemos, registrando en si el psiquismo del ambiente, aquellas criaturas
que corretean, que ríen que cuentan chistes, muchas de ellas sin
conocimiento del momento, aquellas personas que hablan mal del fallecido
registrando ondas de sufrimiento y de desolación de muchos familiares,
de muchos amigos. Hay que tener mayor cautela, un poco mas de cuidado
fraterno cuando se está participando de un velorio porque el muerto no
está muerto sigue vivo.
Es
muy común que los seres espirituales desprendidos del cuerpo registran
el ambiente y sufran con el sufrimiento de las personas que se rebelan,
se enfrentan contra aquellos que están usando aquel ambiente, aquel
espacio, aquellos momentos para contar sus chismes, hacer sus burlas o
cosas indebidas, en un momento como ese.
Extractado del Blog:
Luz Espiritual.
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