No
te empeñes: es imposible. Nunca podrás complacer ni satisfacer a todos
(y aún menos cuando te alinees contigo mismo, pues alinearse implica
disgustar a muchos). Se trata de un mandato familiar y "espiritual" que
confunde a bastantes personas: "Tengo que complacer", "tengo que
agradar", "tengo que actuar así o asá para que no se molesten", "tengo
que sonreír aunque no me apetezca", "tengo que ser bueno y causar
siempre una buena impresión", "tengo que dar la opinión que al otro le
gusta", "soy espiritual, y una persona espiritual siempre complace,
ayuda y hace felices a todos"... y un largo etcétera de incoherencias
que nos mantienen en un estado permanente de inmovilismo y tibieza.
Hoy
voy a ser más claro que nunca. Tú no has venido aquí a complacer. Ni a
que los demás estén contentos (o felices). Observa qué reacciones hay
en tu cuerpo y en tu mente a medida que vas leyendo, pues seguramente
llevas incrustado este patrón desde una edad muy temprana. ¿Sabes quién
es la persona que tiene que estar contenta y feliz? TÚ. Si no lo estás,
ya va siendo hora de que te replantees las cosas. De que vuelvas a ti
mismo. De que enfoques la situación desde una perspectiva coherente,
sustentada en tu propia elección y tus propias necesidades, no en las
necesidades, las creencias y los dogmas de otros.
¿Sabes
cuál es el propósito de los demás? El mismo que el tuyo: descubrirse a
sí mismos, responsabilizarse de su vida, alinearse con lo que aman y
realizarse A TRAVÉS DE SU PROPIO SER. Te lo he puesto en mayúsculas para
que lo veas claro: SU PROPIO SER. Y eso no depende de ti. Depende de
ellos. De ELLOS. Su felicidad depende de ellos. Su realización depende
de ellos. Que se alineen con ellos mismos y alcancen una vida plena
depende en última instancia de ellos... Que no sean capaces de ser
felices NO es culpa tuya (¡sorpresa!). Y, del mismo modo, que tú seas
feliz y te realices tampoco depende de nadie. Solo de ti.
Así
que reflexiona... Si la felicidad del otro depende de él mismo, ¿tiene
sentido que necesites complacerlo y agradarle siempre? ¿Tiene sentido
que el otro te imponga esa obligación? ¿Tiene sentido que creas que su
bienestar depende en gran parte de ti? Claro que no lo tiene, aunque te
hayan enseñado otra cosa y al otro (seguramente experto en
victimismos, culpabilidades y en no asumir su responsabilidad) le
interese que siga siendo así. Somos autómatas del "hacer felices a los
demás", dejando casi siempre de lado nuestra propia felicidad. Y esto
es sacrificio. Infelicidad propia voluntaria. Y no es sano ni saludable
para nadie. De hecho, es la raíz de las relaciones tóxicas. Veámoslo
de una vez. Tomemos conciencia. Responsabilicémonos. Ayudemos, por
supuesto, cuando lo creamos conveniente. Pero no asumamos cargas
"espirituales" incoherentes que no nos corresponden ni caigamos en el
pozo sin fondo de insatisfacción e inconsciencia de los demás. No es
nuestra misión ni nuestro objetivo aquí, y cuanto antes lo tengamos
claro antes nos realizaremos.
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Javier López Alhambra
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