jueves, 29 de enero de 2026

EL SER, EL TENER Y EL HACER (Por José Miranda)

 

Buenos días, hoy voy a hablar sobre el ser, el tener y el hacer, de lo que se es, lo que se tiene y lo que se hace, que son cosas diferentes, porque muchos de estos temas no están incluidos en los programas de estudios oficiales, y será por eso que a veces confundimos una realidad con otra, o creemos que se trata de la misma cosa.
 
Si yo voy a la autoescuela y aprendo a conducir, a partir de ese momento “soy conductor”, he recibido un conocimiento, he realizado unas prácticas y he superado los exámenes, si hubiese un establecimiento en el que vendieran el permiso de conducir, yo me podría comprar uno y tendría permiso de conducir a mi nombre, pero no sería conductor, una cosa es lo que se es, y otra lo que se tiene. 
 
Y si me pongo a conducir sin ser conductor, aunque tenga un permiso de conducir, sería un peligro para mi, y para los demás, debe de existir una correspondencia entre lo que se es, y lo que se hace.
 
Si solicitan un mecánico de automóviles en un taller, y me presento yo sin ser mecánico para ocupar el puesto, sería un despropósito y pérdida de tiempo inútil, no soy mecánico y no puedo trabajar en mecánica, no se corresponde lo que soy, con lo que tengo que hacer.

Todos en algún momento nos hemos puesto a hacer algo sin tener la instrucción y preparación adecuada, y al no haber equilibrio y correspondencia entre lo que demanda la tarea y lo que se ofrece, el resultado puede ser cualquiera, este ejemplo nos demuestra que para la realización de algo, se necesitan conocimientos, capacidades y preparación incorporados a nuestra personalidad.

Cuando me pongo a realizar algo, y cuento con la instrucción y capacidad necesaria, el trabajo se desarrolla con naturalidad, con fluidez, en armonía, se sabe en todo momento lo que se está haciendo y el porqué se hace y el resultado que voy a obtener, para todo se necesita estar a la altura de las circunstancias para que se desarrolle con garantías de éxito, naturalidad y armonía.

 Esta teoría es aplicable a cualquier tema circunstancia o situación, y ahora lo voy a aplicar sobre un tema muy popular y condicionante en nuestra sociedad, cual es el de la riqueza y la pobreza. 
 
Cuando una persona ha conquistado e incorporado en si misma el amor, compasión, comprensión, solidaridad, justicia, misericordia y resto de virtudes y atributos, sin duda que es una persona portadora de una gran riqueza, y cuando se posee tal riqueza interior, cualquier riqueza exterior se vive con la más absoluta naturalidad, sin por ello sentirse superior ni inferior a nada ni a nadie, sin establecer diferencias de trato o afectiva por el hecho de tener más o menos, un corazón impregnado de amor, y una alma virtuosa, reconocen en el prójimo a un igual a nivel de persona, y su trato es sencillo, natural, de hermandad, etc., como si se tratara de la prolongación de sí mismo.
 
Tanto el amor como las virtudes es como una luz que permite ver la realidad de las cosas, y esclarece y aumenta la capacidad de comprensión y entendimiento.

Cuando internamente somos pobres, es por falta de desarrollo psíquico, anímico y espiritual, de las virtudes y las capacidades de amar, razonar conceptuar, etc., y todo ello de forma objetiva y en concordancia con las Leyes Naturales y sin ir en contra de lo natural ni de nadie, y cuando falta desarrollo interno concedemos más importancia a todo lo externo, a todo lo que percibimos a través de nuestros cinco sentidos físicos, porque los sentidos internos del alma el espíritu y el corazón no cuentan con el desarrollo suficiente para tomar partido en la planificación y dirección de la vida, y solo en contadas ocasiones pueden manifestase y de forma condicionada.

Cuando una persona internamente pobre se rodea de riquezas materiales, se siente superior y por encima del que tiene menos, y por debajo del que tiene aún más, se siente poderoso y prepotente y hasta puede que insensible hacia el que vive con los mínimos recursos. 
 
Su falta de desarrollo anímico y espiritual, es como una espesa niebla que solo le permite ver lo que tiene muy próximo y de forma borrosa, es una condición por la que todos hemos pasado, estamos pasando o pasaremos, porque forma parte de las asignaturas de la formación espiritual, de los programas de aprendizaje de nuestro Ser, las famosas “pruebas” de la riqueza material. 
 
La persona que ya pasó por esa condición y superó el examen, cuenta con la lucidez y comprensión que le permite ver la realidad y no pronunciarse ni a favor ni en contra de nada ni de nadie, lo siente y vive como algo natural. como la propia vida manifestándose tal cual es.

Para contar con el éxito de cualquier realización, debe de existir un equilibrio y correspondencia entre lo interno y lo externo, cuando hay desequilibrio el resultado no es natural ni armónico, y la propia Naturaleza, a través de sus programas de reglaje y compensación, producirá las circunstancias o situaciones que nos obligarán a apreciar las cosas de forma más correcta y rectificar en aras del equilibrio y la armonía. Y por hoy nada más, saludos y hasta la próxima.

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