La tristeza suele ser el grito de nuestra alma cuando la realidad no coincide con nuestros deseos. Sufrimos porque queremos que lo que ya pasó, no haya pasado; o porque queremos que lo que es, sea de otra manera.
Epicteto nos dejó la medicina más amarga, pero la más efectiva:
"No son las cosas las que nos perturban, sino nuestros juicios sobre ellas".
Para vencer la tristeza, no busques consuelo externo. Busca claridad interna a través de estos tres pilares:
1. Acepta lo que no depende de ti
Si tu tristeza nace de una pérdida, de un error del pasado o de la actitud de alguien más, estás sufriendo por algo que está fuera de tu alcance. Luchar contra el pasado es como intentar detener la lluvia con las manos. El estoico no ignora el dolor, pero se niega a ser su esclavo. Di para tus adentros: "Esto no depende de mí; por lo tanto, no es mi ruina".
2. Examina tu juicio
La tristeza no viene del evento, sino de lo que te dices a ti mismo sobre el evento. No estás triste porque perdiste algo; estás triste porque crees que ese algo era "tuyo" por derecho. Recuerda que todo lo que tenemos es un préstamo de la vida. Aprende a devolverlo sin resentimiento.
3. Actúa en el presente
La tristeza vive en el ayer; la ansiedad vive en el mañana. El estoico se refugia en el ahora. Pregúntate: ¿Qué puedo hacer en este preciso momento, con las herramientas que tengo, para actuar con virtud? La acción es el antídoto contra la parálisis del alma.
No busques que las cosas sucedan como tú quieres.
Desea que sucedan como suceden. En ese instante, la tristeza pierde su agarre porque dejas de pelear contra el universo y empiezas a caminar con él.
La verdadera paz no es la ausencia de lágrimas, sino la presencia de una razón inquebrantable.
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