Si
has encarnado aquí, es para vivir y experimentar el ego humano. De
acuerdo: eres parte de la Fuente, eres uno con el Todo..., pero ahora
eres humano por voluntad propia, de modo que vive la experiencia humana,
disfruta tu cuerpo de hombre o de mujer, disfruta de los pensamientos,
de tu luz y de tu sombra, de la sexualidad, del placer de relacionarte,
de las lágrimas y el dolor, de la soledad, del odio y el amor...
Perdona al ego. Deja de juzgarlo: el ego forma parte de ti y es
necesario mientras te hallas encarnado. Si no no tendrías identidad, y
tu misión aquí conlleva una identidad, un cuerpo, un nombre y unos
apellidos, una historia familiar, un destino... Si deseas matarlo o
eliminarlo, te matarás a ti mismo... Y eso es violencia. Al ego se le
comprende, se le observa para que no te pierdas en él y no termine
dirigiendo tu vida. Se le toma de la mano y se le dice: "Por aquí". Es
más sencillo de lo que parece... Abraza al ego en lugar de rechazarlo,
deja de considerarlo el origen del mal. Simplemente obsérvalo, observa
sus fluctuaciones, sus tendencias, sus caprichos... Observa sin juicio y
valora todo lo valioso que te aporta.
Haz
las paces con él y las harás contigo mismo. La liberación y la paz no
vendrán del juicio, sino del perdón. Del perdón de lo que eres, del
perdón de lo que has sido, del perdón de lo que serás. Mírate sin ropa
en el espejo y obsérvate detenidamente: observa al ego en tus ojos, en
tu sonrisa, en tu rostro, en todo tu cuerpo... Está deseando que lo
perdones. Que te perdones. Que lo aceptes todo y dejes de condenarlo...
La iluminación no surge cuando eliminas, sino cuando perdonas, cuando
aceptas, cuando permites, cuando integras; cuando abandonas la
resistencia y la ansiedad por conseguir "algo" o llegar a alguna
parte... Eso es trascendencia.
Recuerda
que la paz más profunda y liberadora siempre te aguarda expectante tras
la lámina transparente (pero necesaria) de tu ego.
Javier López Alhambra
Almas Estelares - Javi López
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