Reflexiones mañaneras
¿Quién está enfermo también?
Lee el mensaje de la imagen. Advierte que una persona enferma obtiene una serie de beneficios (atención, tiempo, cuidados, mimos, etc) que hacen que a veces no quieran curarse, o al menos no rápida-mente.
Suelen ser mecanismos mentales de supervivencia aprendidos intuitiva-mente en la infancia.
Por ejemplo, si un niñ@ no se siente suficiente-mente atendido, cuidado, recibiendo el cariño que cree necesitar, y de pronto enferma, y empieza a recibirlos, hará una asociación mental entre la situación (la enfermedad) y los beneficios que de pronto ha obtenido.
Así que verá la enfermedad como un aliado y no tendrá demasiada prisa ni ganas en curarse.
Dando lugar en muchos casos a una personalidad “enfermiza”, victimista y quejosa a la que por mucho que se le intente curar y/o ayudar no quieren cambiar…
Otro ejemplo son esas amistades que desde su victimismo siempre se están quejando y quejando, y a las que les damos nuestro tiempo, atención, aprendizajes, consejos, y que nunca hacen por cambiar.
No les interesa cambiar sus situaciones pero sí todo lo que obtiene de nuestra contínua presencia.
Y ahí es donde toma sentido el título de mi reflexión:
¿Por qué nos empeñamos en “curar” a alguien que ya sabemos que no quiere?
¿No es nuestro empeño un síntoma de que también estamos enfermos?
Le llaman la enfermedad del “Salvador”.
Aquel que no se conforma con ayudar sino que se cuenta, cree y necesita curar al otro.
Sufre al ver sufrir y trata de cambiar al otro para entrar en paz.
En realidad está tan enfermo como al que quiere curar, pues necesita a una persona victimista para ejercer su rol de “Salvador” (maestro, consejero, etc).
Creándose así una relación tóxica que se retroalimenta por ambas partes.
No estoy diciendo que no intentemos ayudar, no, claro que no.
Estoy diciendo que detectemos cuando una persona no quiere curarse, y también identificar nuestra “necesidad” de su curación, y el largo tiempo que permanecemos ahí para ejercer nuestro rol del “buenismo”.
En realidad nuestro empeño no es otra cosa que adicción al sufrimiento enmascarado por una aparente empatía, pues es lo que obtenemos fundamental-mente cuando decidimos mantener una relación de “sanador” con alguien que ya sabemos que no quiere cambiar…
Reflexionen sobre ello. En ese tipo de relaciones siempre hay DOS enfermos…
Buen día, amigos.
Kriss
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