No te pelees con tu familia por un ladrillo…
ni por un pedazo de tierra.
Porque el día que ya no estés aquí, no te llevarás absolutamente nada.
Nada.
Ni casas.
Ni terrenos.
Ni dinero.
Ni títulos.
Ni propiedades.
Solo te llevarás lo que sembraste en los corazones.
No seamos hipócritas.
No seamos egoístas.
No seamos lengua suelta.
No destruyamos con palabras lo que costó años construir.
Recuerda:
la vida da vueltas.
Hoy puedes estar arriba.
Fuerte.
Seguro.
Con todo en orden.
Y mañana…
nadie sabe.
Nadie está exento de caer.
Nadie tiene garantizado el mañana.
Por eso: sé humilde.
Sé agradecido.
Sé justo.
No envenenes a quienes algún día te ayudaron
o a quienes aún pueden estar ahí para ti.
Valora.
Perdona.
Reflexiona.
Todavía estás a tiempo. 
La familia vale más que cualquier herencia.
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